Cultura del mérito
Panelista de Crónica y usurpaciones: cuando el relato choca con la propiedad
Datos clave
- La usurpación es delito tipificado en el art. 181 del Código Penal argentino
- La toma de Guernica (2020) involucró alrededor de 2.500 familias según relevamientos oficiales bonaerenses
- RENABAP registra más de 5.600 barrios populares en Argentina, muchos originados en tomas
- Ley 27.453 (2018) congeló desalojos en barrios populares por cuatro años, prorrogada luego
- El gobierno de Milei anunció protocolos para agilizar desalojos ante usurpaciones flagrantes
Qué dijo el panelista de Crónica sobre las usurpaciones y por qué generó polémica
Un panelista de Crónica TV relativizó públicamente las usurpaciones de propiedades privadas, sugiriendo que responden a necesidades sociales legítimas y no a delitos. La polémica se dio porque el Código Penal argentino tipifica la usurpación como delito (art. 181) y porque la postura expone la tolerancia mediática y política que durante años facilitó miles de tomas de tierras en el país, especialmente en el conurbano bonaerense y la Patagonia.
El mismo relato que decía "son familias humildes": ahora blanquea el delito
La escena ya la vimos mil veces. Un panelista en vivo, un móvil en una toma, y la narrativa cuidadosamente construida: no son usurpadores, son "familias en situación de vulnerabilidad". No es una toma, es una "ocupación". No hay un dueño despojado, hay un "conflicto habitacional". El vocabulario importa, y el kirchnerismo cultural lo sabe mejor que nadie.
Lo que llama la atención no es la postura del panelista — es coherente con 20 años de aire gratis para quien quiera correr el eje — sino la impunidad con la que se repite el libreto. Mientras el dueño de un terreno espera años para recuperar su propiedad, el relato televisivo convierte al damnificado en villano insensible y al que rompió el candado en víctima estructural.
Acá no se trata de negar que haya un déficit habitacional real en Argentina. Lo hay, y es gravísimo. Pero confundir déficit habitacional con derecho a tomar lo ajeno es, precisamente, el tipo de confusión que explica por qué este país lleva décadas sin construir vivienda formal en serio.
Qué dice la ley: la usurpación es delito, no "demanda social"
El artículo 181 del Código Penal de la Nación es claro: reprime con prisión de seis meses a tres años a quien "por violencia, amenazas, engaños, abusos de confianza o clandestinidad despojare a otro" de la posesión o tenencia de un inmueble. No hay ambigüedad legal. Hay ambigüedad política.
Esa ambigüedad política se cristalizó en la Ley 27.453 de 2018, que creó el régimen de regularización dominial para la integración socio-urbana y suspendió desalojos en barrios inscriptos en el RENABAP (Registro Nacional de Barrios Populares) por cuatro años. La ley fue sancionada bajo Macri pero empujada por el kirchnerismo y el Movimiento Evita, y luego prorrogada.
Resultado: miles de propietarios privados — muchos de ellos pequeños ahorristas que compraron un lote con años de sacrificio — quedaron rehenes de un congelamiento que les prohíbe recuperar lo suyo sin una sentencia judicial que puede demorar media década. El RENABAP, que arrancó en 2017, ya registra más de 5.600 barrios populares, según el propio organismo.
Los datos que nadie muestra en los paneles
Hablar de usurpaciones sin cifras es exactamente lo que el panelismo progre necesita para seguir con el verso. Repasemos algunos números concretos:
- Guernica (2020): la toma más resonante de los últimos años involucró alrededor de 2.500 familias ocupando casi 100 hectáreas de propiedad privada en Presidente Perón. El desalojo recién se concretó tras meses de negociación y presión judicial.
- Villa Mascardi (2017-2022): la toma mapuche en terrenos de Parques Nacionales y privados en Río Negro mostró cómo el Estado, bajo la gestión K, tardó años en actuar pese a órdenes judiciales firmes.
- Conurbano bonaerense: según relevamientos del propio Ministerio de Desarrollo Social, las tomas se multiplicaron durante la pandemia, aprovechando la suspensión de desalojos dispuesta por decreto.
- RENABAP: los más de 5.600 barrios populares relevados equivalen a aproximadamente 5 millones de personas viviendo en terrenos de dominio irregular.
Ninguna de estas cifras niega el drama habitacional. Lo que muestran es otra cosa: que el Estado argentino, lejos de resolver el problema construyendo vivienda formal, eligió sistemáticamente convalidar la vía de hecho. Y cada vez que convalida, destruye el incentivo para que alguien invierta en construir, alquilar o lotear legalmente.
Propiedad privada y mérito: la ecuación que el panelismo odia
Acá está el nudo de la cuestión. Hayek lo explicó hace 80 años en Camino de servidumbre: sin derechos de propiedad firmemente garantizados, no hay cálculo económico posible, no hay inversión, no hay desarrollo. Alberdi lo había dicho antes, en 1852, en las Bases: la Constitución argentina se escribió sobre la premisa de que la propiedad era inviolable precisamente porque sin esa garantía nadie se jugaría a venir, trabajar y producir en este país.
Cuando un panelista en Crónica — o en C5N, o donde sea — relativiza una usurpación, no está haciendo "periodismo con sensibilidad social". Está erosionando el contrato básico que hace posible la cultura del mérito: la idea de que lo que conseguís con tu trabajo es tuyo y nadie te lo puede sacar por la fuerza.
El mensaje implícito es demoledor: ahorrá 20 años para comprarte un lote, pagá todos los impuestos, hacé los trámites bien, y cuando alguien te lo tome, el Estado va a tardar cinco años en devolvértelo mientras un panelista te explica en vivo por qué el que rompió el candado tiene más derecho que vos. ¿Quién invierte así? Nadie. Y después nos preguntamos por qué Argentina está en decadencia.
Y encima: lo que cambió con Milei
El gobierno de Milei instruyó al Ministerio de Seguridad, a cargo de Patricia Bullrich, a establecer protocolos para intervenir con mayor rapidez ante usurpaciones flagrantes, especialmente en las primeras 48 horas, que es cuando legalmente el desalojo puede ejecutarse sin orden judicial previa en casos de delito en flagrancia.
Es un cambio de doctrina, no un cambio cosmético. Durante la gestión anterior, la consigna de hecho era "no reprimir", lo que en la práctica significaba dejar que la toma se consolidara hasta volverse irreversible. Hoy la señal es la opuesta: el Estado va a defender la propiedad privada en los términos que marca la ley. Discutible desde algunas ópticas, consistente con el programa que votó la mayoría.
También hay avances en el régimen de alquileres tras la derogación de la ley Fernández-Lerche, que había destruido la oferta formal y empujado a muchos a opciones informales. Más oferta legal de vivienda es, en el mediano plazo, el mejor antídoto contra la toma como salida desesperada. Lo mismo aplica para desarmar la burocracia que ahoga la construcción privada.
El trade-off que hay que admitir
Seamos honestos, porque la honestidad intelectual es parte del liberalismo serio y no la copia de la demagogia opuesta. Argentina tiene un problema habitacional estructural que no se resuelve con un operativo de Infantería. Hay familias que llevan décadas sin acceso a vivienda digna y para las que la toma no es ideología sino desesperación.
Pero la respuesta liberal a ese problema no es convalidar el despojo. Es:
- Liberar el mercado de alquileres — ya se hizo, los primeros datos muestran recuperación de oferta.
- Reducir impuestos y burocracia a la construcción — un metro cuadrado en Argentina tiene una carga impositiva que haría imposible construir en cualquier país normal.
- Garantizar título de propiedad rápido y barato — Hernando de Soto demostró que formalizar la tenencia es uno de los multiplicadores económicos más poderosos conocidos.
- Castigar la usurpación efectivamente — para que la vía legal sea siempre más rentable que la vía de hecho.
Ninguno de estos cuatro puntos aparece jamás en los paneles donde se discuten las tomas. Ahí solo se escucha la cantinela de siempre: la culpa es del propietario, del mercado, de Milei, del FMI, de la casta impositiva que ya está desarmando el gobierno. Nunca del que rompió el candado.
Cronología del papelón mediático
Que un panelista de Crónica — o de donde fuera — minimice una usurpación en 2024 no es un hecho aislado. Es la continuidad de una década larga de construcción cultural donde el delito contra la propiedad fue blanqueado sistemáticamente como "resistencia popular". De las tomas del Parque Indoamericano en 2010 a Guernica en 2020, pasando por Villa Mascardi, siempre el mismo libreto, siempre los mismos voceros.
Lo que cambió es que ahora hay un gobierno que no compra el libreto, un sector de la sociedad que lo rechaza explícitamente, y medios como este que no vamos a hacer la vista gorda. La propiedad privada no es un privilegio burgués: es la condición material de que el esfuerzo individual tenga sentido. Sin ella, la cultura del mérito es un cuento para incautos.
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Fuentes citadas
- Código Penal de la Nación — Art. 181 (Usurpación) — Texto oficial del tipo penal que reprime la usurpación de inmuebles.
- Ley 27.453 — Régimen de Regularización Dominial — Ley que suspendió desalojos en barrios populares inscriptos en el RENABAP.
- RENABAP — Registro Nacional de Barrios Populares — Registro oficial con el relevamiento de barrios con dominio irregular en Argentina.
- Ministerio de Seguridad de la Nación — Autoridad a cargo de los protocolos actuales de intervención ante usurpaciones.