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Coudet arma River sin esperar al Estado: lección de gestión privada
Confieso que no soy un fanático de River. Hincha de otro club, de esos que prefieren no revelar su identidad en ciertos barrios de Buenos Aires. Pero hay algo en la forma en que Eduardo Coudet está encarando este mercado de pases que me resulta difícil ignorar desde una mirada liberal: la disciplina de quien sabe que los recursos son escasos y que la parálisis no es una opción.
Según Clarín, el Chacho ya está trabajando en Buenos Aires tras la pretemporada en Alicante, con la cabeza puesta en el debut por Copa Argentina ante Aldosivi. El club negocia por Ángel Correa y Thiago Almada, dos nombres de peso internacional. Pero lo que me llamó la atención no fue el glamour de esas negociaciones, sino el detalle casi al pasar: Coudet ya tiene un equipo ideal pensado, variantes tácticas definidas, y no está cruzado de brazos esperando que lleguen los refuerzos para empezar a planificar.
Eso, en el mundo de la gestión real, se llama operar bajo restricciones. Y es exactamente lo que el Estado argentino nunca aprendió a hacer.
El lujo de planificar con lo que tenés
Hay un vicio muy arraigado en la política argentina —y en la cultura del gasto público en general— que consiste en usar la espera como excusa. "No podemos reformar el sistema previsional hasta que la economía crezca." "No podemos bajar el gasto hasta que baje la pobreza." "No podemos liberar el tipo de cambio hasta que tengamos más reservas." El razonamiento circular es infinito, y siempre termina en el mismo lugar: más Estado, más deuda, más inflación.
Coudet hace lo opuesto. Tiene jugadores en el Mundial, tiene negociaciones abiertas, tiene incertidumbre. Y aun así traza un esquema, define posiciones, piensa variantes. No espera el escenario perfecto porque sabe que el escenario perfecto no existe. Existe el partido del domingo, y hay que estar listo.
Esa mentalidad —la de quien gestiona con lo disponible sin resignar ambición— es la que Hayek describía cuando hablaba del conocimiento disperso: nadie tiene toda la información, pero los agentes que operan en mercados competitivos aprenden a tomar decisiones con información incompleta mejor que cualquier planificador central. River no es una economía de mercado, claro. Pero su estructura de incentivos se parece bastante más a una empresa privada que a un ministerio.
Correa y Almada: inversión con expectativa de retorno
Las negociaciones por Ángel Correa —delantero del Atlético de Madrid con pasado en San Lorenzo— y Thiago Almada —mediocampista que pasó por la MLS y tiene rodaje internacional— no son caprichos de marketing. Son apuestas calculadas con un horizonte de rendimiento esperado. Si el jugador rinde, el club recupera en taquilla, en sponsors, en valor de reventa. Si no rinde, el error se paga con resultados deportivos y con plata del propio club, no con impuestos de terceros.
Ese mecanismo de responsabilidad es lo que diferencia la inversión privada del gasto público. Cuando el Estado "invierte" en un programa social que no funciona, nadie renuncia, nadie devuelve el presupuesto, nadie responde ante un tribunal de cuentas con dientes reales. El fracaso se diluye en el presupuesto del año siguiente con otro nombre y otro logo.
En River, si Coudet se equivoca con el once inicial contra Aldosivi, la tribuna lo hace saber de inmediato. Eso es accountability en tiempo real. Brutal, a veces injusto, pero real.
La espera de los campeones del mundo y el costo de oportunidad
Hay otro dato que me parece editorialmente interesante: River aguarda por sus jugadores que están en el Mundial y por los que siguen en competencia internacional. Es decir, el club tiene activos valiosos temporalmente inmovilizados por compromisos que exceden su control directo. Una situación de restricción externa, diríamos en economía.
¿Qué hace Coudet? Planifica para cuando lleguen, pero no detiene el trabajo presente. Prepara variantes. Usa el tiempo disponible para afilar lo que ya tiene. Eso se llama administrar el costo de oportunidad: no podés tener todo al mismo tiempo, entonces maximizás lo que podés controlar ahora.
Me pregunto cuántos organismos del Estado argentino hacen ese ejercicio. Cuántos ministerios, secretarías y entes reguladores se preguntan genuinamente qué podrían hacer mejor con los recursos que ya tienen, en lugar de pedir más presupuesto como primera y última respuesta a cualquier problema.
La respuesta, me temo, la conocemos todos.
Mérito en cancha: el once lo define el rendimiento, no el apellido
Hay algo más que me resulta valioso en este episodio futbolístico como metáfora. Coudet piensa en un "equipo ideal" —así lo describe la nota— pero ese ideal está sujeto a rendimiento. Si un jugador no responde en el entrenamiento, no juega. Si una variante táctica no funciona, se cambia. No hay cargo vitalicio, no hay inamovilidad garantizada por decreto, no hay sindicato que proteja al titular indiscutido de sus propios errores.
Eso es meritocracia aplicada. No la versión caricaturizada que algunos progresistas atacan como si fuera una ideología de la crueldad, sino la versión real: vos jugás si rendís, y el que rinde más tiene más chances. El técnico decide con criterio, asume la responsabilidad de esa decisión, y responde con su cargo si se equivoca sistemáticamente.
Alberdi lo hubiera entendido de inmediato. En sus Bases, la Argentina que él imaginaba era la de quien llega, trabaja, produce y prospera por su esfuerzo. No la de quien hereda un puesto en la estructura del Estado y lo retiene por cuarenta años sin que nadie pueda cuestionarlo.
Lo que el fútbol le devuelve al debate económico
No quiero romantizar el fútbol argentino. Tiene sus propias miserias, sus propios vicios, sus dirigentes que se perpetúan en el poder con métodos que no resistirían el escrutinio de ningún mercado competitivo real. La AFA no es precisamente un ejemplo de transparencia institucional.
Pero en este caso concreto —un técnico que planifica sin paralizarse, que negocia incorporaciones con lógica de inversión, que trabaja con lo disponible mientras espera lo óptimo— hay una lección de gestión que vale la pena señalar.
La Argentina lleva décadas esperando el refuerzo que nunca llega: el crédito externo barato, el precio de la soja en las nubes, el plan de estabilización definitivo, el gobierno que finalmente haga las reformas de fondo. Mientras tanto, el partido sigue corriendo y el marcador no espera.
Coudet ya salió a la cancha. Ojalá algún día el Estado argentino aprenda a hacer lo mismo.
Fuentes citadas
- Clarín — El River que sueña Coudet — Fuente original sobre la planificación de Coudet, las negociaciones por Correa y Almada, y el estado del plantel mientras aguarda refuerzos.
- INDEC — Sector Público Nacional — Datos de ejecución presupuestaria del sector público nacional, relevantes para contextualizar el debate sobre gasto y accountability estatal.
- Hayek — The Use of Knowledge in Society (1945) — Ensayo fundacional de F.A. Hayek sobre el conocimiento disperso y los límites de la planificación central, referencia teórica de esta columna.
